Entre nous il pourrait y avoir un meurtre.
Ella le deseaba con todas sus fuerzas. Quería verle todas las noches. Sus palabras le llenaban, le devolvían la vida. Cuando no estaba con él se sentía muy sola, frágil, vacía.
Julia tenía un buen empleo. Era una mujer independiente que luchaba por seguir adelante junto a su marido. Él la quería, le adoraba, intentaba complacerla y se sabía querido por ella. Tenían pocos amigos en común y eso hacía que en sus momentos de ocio estuvieran separados. Se llevaban bien pero se podría decir que compartían pocas cosas a parte de la casa y el dormitorio.
A él no le gustaba demasiado experimentar con la vida y en cambio a Julia era lo único que la hacía vibrar. Ella soñaba con paraísos exóticos llenos de frutas prohibidas, melodías sugerentes, atardeceres que huelen a canela y hombres, hombres pasionales con labios carnosos.
Y entonces llego el hombre, un poco joven pero con una seguridad en si mismo desbordante. Desde el primer día la miro. Sus ojos eran de un verde intenso, enmarcados en unas pestañas oscuras y espesas, que convertían su mirada en un arma infalible de seducción.
Todo su mundo perfecto se desvaneció y dejo de creer en si misma y en su propia convicción.
